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¿Tendrá el agua su propia moneda en el futuro?

Cuando la gente piensa en los abundantes y valiosos recursos naturales, el petróleo es principalmente el primer producto básico que le viene a la mente. Como un recurso limitado y no renovable, la posibilidad de consumir todo el suministro existente de petróleo crudo es totalmente posible y la fecha en que alcanzamos el ‘pico del petróleo’, el punto sin retorno, cuando comenzamos a alcanzar las tasas máximas de extracción que se dice ya hemos pasado de esta etapa.

Se ha discutido mucho sobre ese punto, especialmente aquí en el corazón de la producción mundial de petróleo.

Pero ¿qué pasa con el agua? El agua es una energía renovable, que eventualmente se repone por las fuerzas naturales, pero lentamente. Si bien el mundo se preocupa por la disminución de la cantidad de combustibles fósiles finitos, tal vez deberíamos estar igualmente preocupados por el agua que es un recurso infinitamente más vital para la supervivencia humana.

¿Se dirige el agua en la misma dirección que el petróleo y los precios aumentan a medida que aumenta la demanda y disminuye la oferta? Hay una crisis mundial de agua, saneamiento e higiene, agravada por los problemas sociales, la pobreza, el acceso y la pandemia. De hecho, el Director de Inteligencia Nacional de EE. UU. estima que para 2030 se consumirá el 40% del agua dulce del mundo.

Esta escasez, en términos económicos, causaría llevar al uso del agua como moneda. Es posible que los países, los gobiernos y los consumidores simplemente tengan que comenzar a analizar los verdaderos costos de la infraestructura, la gestión y el suministro del agua y traspasar esos costes a las empresas y los consumidores.

El agua más cara simplemente agitará a quienes ya viven bajo condiciones de presión de la escasez de agua, empeorando la situación en áreas donde ya es mala.

Por ejemplo, hace tres años, la ONU advirtió que alrededor de 5 billones de personas podrían enfrentar escasez de agua para 2050, que esa escasez tampoco se limita al mundo en desarrollo ni a las economías emergentes.

No olvidemos la dura experiencia de Ciudad del Cabo, que se quedó tres meses sin agua en 2018, después de tres años de lluvias escasas. Una campaña rápida para reducir el uso de agua en todos los ámbitos evitó el desastre, pero la crisis aún se cierne sobre Sudáfrica.

Cuando se publicó ese informe de la ONU en 2018, Jonathan Farr, analista de políticas del medio ambiente para la seguridad del agua y el cambio climático, subrayó la verdadera crisis del agua en el mundo. El analista experto agregó que el informe sirve como un recordatorio oportuno de que el agua es limitada y esencial, debemos protegerlo.

Según Farr que dijo: “Es probable que el impacto del cambio climático haga que el suministro de agua sea mucho menos predecible en el futuro, por lo que es fundamental que el agua se gestione con cuidado y la distribución dé prioridad al uso doméstico, asegurando que todos tengan lo que necesitan.”

Alrededor de 844 millones de personas no tienen acceso al agua cerca de sus casas, es decir, de cada nueve personas, una no tiene acceso al agua.

Nosotros sabemos que la sección de agricultura, la industria y los sectores más ricos de la sociedad mundial consumen más agua de la que les corresponde.

Además, los estudios sugieren que la región de Tigris-Éufrates en el Oeste de Irán, se enfrenta a una tasa extremadamente rápida de pérdida de agua subterránea, y después el país de India.

Sin agua potable, muchas personas pierden el acceso a las oportunidades que deberían estar abiertas a todos, en todas partes. La mayoría de las comunidades enteras se ve retenidas mientras otras prosperan, simplemente porque no tienen acceso a agua potable. Las estadísticas también revelan que el 90% de los desastres naturales del mundo están relacionados con el agua.

En 2015, los líderes mundiales se comprometieron a lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030. El Objetivo 6 se centra en el agua y el saneamiento. Sin embargo, algunos países no años, sino siglos están atrasados en alcanzar este objetivo.

La crisis

Como el cambio climático, la crisis del agua es una cuestión preocupante, pero podemos tomar medidas para cambiarla y al igual que el cambio climático, los gobiernos, las empresas y las personas pueden involucrarse para alterar el curso actual.

El agua, o más bien la falta de ella, ya está provocando la migración, como se demostró a principios de este año cuando el huracán Eloise que azotó Mozambique, desplazando entre 100,000 y 400,000 personas. La Universidad de las Naciones Unidas predice que billones de personas inmigrarán para 2050, en gran parte debido a la sequía, las inundaciones y el acceso inseguro o poco confiable al agua.

No es sorprendente y quizás eso es una conclusión lógica pensar que los problemas relacionados con el agua conducirán a dificultades de inmigración, más pobreza y, en última instancia, guerras. Usar agua como moneda puede ser solo el comienzo.

La tecnología es un elemento crucial en la lucha por ahorrar agua. Por ejemplo, los “macrodatos”, que utilizan una enorme potencia informática para analizar y predecir los suministros de agua, pueden ayudarnos a comprender los flujos y el uso del agua y, potencialmente, mitigar la sequía.

Es hora de pensar un poco más y de considerar cómo podemos unirnos como un solo planeta para ayudar a financiar proyectos de conservación que ahorran agua. Cómo podemos planificar, adaptar y crear una distribución equitativa del agua. Rápidamente nos unimos para resolver la pandemia de COVID-19. Quizás ha llegado el momento de tratar la crisis del agua con el mismo sentido de urgencia.

Ali Sajwani, director general de operaciones de Damac Properties

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